La relación entre la nutrición y el estrés es algo que ya no sorprende a nadie. De todos es sabido que el estrés genera desequilibrios alimenticios, ya sea por la ingesta mínima de nutrientes que desemboca en delgadez extrema, o por todo lo contrario: la necesidad de comer alimentos que nos produzcan placer, y que ha generado un nuevo concepto en dietética. El Obiestrés.
Nuestro día a día cada vez es más ajetreado, el cuidado de los hijos y lo que conlleva: extraescolares, ayuda con los deberes, cenas, lavadoras… En el trabajo el jefe cada vez te exige más, pasas la mayor parte del día corriendo para llegar a los sitios y aprovechas el sábado para hacer la compra de la semana o ir a Ikea a por la pantalla de la lámpara que se te cayó al suelo el lunes.
Cuando por fin tienes un momento para ti al final del día, te das cuenta de que apenas has comido y aunque tengas la nevera llena –pues milagrosamente te ha dado tiempo de hacer la compra- no tienes la más mínima gana de ponerte a cocinar. Y decides hacerte cualquier cosa rápida, mejor calentar un plato pre-cocinado o pedir una Pizza a domicilio, así al menos comes algo caliente. Y lo que iba a ser algo esporádico, pasa a ser un patrón de conducta muy poco saludable con nefastas consecuencias.
Y es que el estrés hace comer a muchas personas. “La respuesta frente al estrés no es homogénea en todas las personas, mientras que el 20% de la población tenderá a comer menos, el 40% incrementará la ingesta de alimentos, con una clara preferencia por los alimentos con alto contenido calórico, es decir, alto contenido en grasas y dulces”, asegura el doctor Albert Lecube, coordinador del Grupo de Obesidad de la SEEN. Esto se traduce en un mayor riesgo para el desarrollo de ciertas enfermedades, como las enfermedades cardiovasculares, Colesterol alto y trastornos mentales como depresión, lentitud de aprendizaje y pérdida de memoria. Y por supuesto obesidad.
Independientemente del aumento o descenso de la ingesta, la mayoría de las personas estresadas asegura sufrir un incremento en el consumo de los alimentos más ‘palatables’, aquellos alimentos más placenteros para nuestro paladar, generalmente más ricos en grasas o más dulces, cuya ingesta favorece la aparición temporal de un estado de felicidad. Los alimentos que suelen escogerse cuando estamos estresados son aquellos que en condiciones normales no consumimos cuando queremos hacer una vida saludable o perder peso.

¿Qué hacer ante esta situación?

Lo primero y básico es reconocer que no estamos siguiendo una dieta saludable. Intentar hacer un esfuerzo por no decantarnos por los alimentos grasos, azúcares, harinas y comer a la plancha, frutas y verduras.
Pero el estrés sigue presente en nuestras vidas y corremos el riesgo de llevar una vida sana unos días y recaer al primer contratiempo. Así que debemos atacar el problema desde la raíz: acabar con el estrés. Para ello bastará con una sesión de 30 minutos de VitalRelax de forma periódica. Además de normalizar tus niveles de estrés acumulados durante el día, este lapso de tiempo te permitirá recapacitar y planear la cena. Y si te animas, aprovecha para hacerte algo saludable para comer al día siguiente y llévate el tupper al trabajo.
Estos pequeños actos te ayudarán a equilibrar tu dieta de nuevo y repercutirán en tu bolsillo y en tu salud al dejar de comer en restaurantes de comida rápida. Es más económico hacerte una pechuga de pollo a la plancha y una ensalada, que comprar una pizza. Regularás tu peso poco a poco, bajarás tu colesterol y aumentarás tu autoestima, al sentirte bien contigo mismo/a por hacer algo positivo para ti. Liberándote de paso de la depresión.
De ahí que sea tan importante el uso continuado de VitalRelax, ya que se convierte en tu aliado, codo con codo, con tu fuerza de voluntad. Sin estrés es mucho más fácil.